He leído un par de libros de espido freire. Vi la propaganda, premio primavera, una portada bonita, un título sugerente, ok se lo regalo a mi novia.

El ciclo del eterno retorno o la casualidad hizo que una noche, mientras esperaba a que mi chica se desmaquillara y viniera a la cama, viera el libro en un cajón de su mesilla y lo abriera. Empecé a leer, mierda, mierda, mierda. Probé por una página al azar y tropecé con un montón de mierda pretenciosa, estaba hasta los tobillos cuando mi chica volvió a la cama dijo, ¡que peste!, ¿a qué huele?, a espido freire -le respondí-.

Aquel año por San Juan quemamos las cosas que no servían, el libro de espido freire sigue en el cajón de la mesita de mi novia y me sirve para recordar que la literatura y el arte son hermanos de la mediocridad y la necedad y que a veces confundo a unos con otros.

La próxima vez que compre un libro no será porque haya ganado un premio o tenga una portada bonita.